Ser constante
- 16 may 2022
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¨El agua no rompe la piedra por su fuerza, sino por su constancia¨
¿Qué es ser constante? ¿Cómo se mide?
Volver a entrenar, después de muchas veces dejarlo, se vuelve cada vez más complicado, se vuelve cada vez más aterrador. Siempre es un volver a empezar, volver a sentir el dolor muscular, volver a recibir los mismos comentarios. Cada vez, volver a entrenar es empezar y si siempre estás empezando, no avanzas.
Para mí, simplemente después de más de 10 años haciendo CrossFit intermitentemente, ya era momento de ser constante. Ya era momento de no volver a empezar, era momento de no dejarlo. Platiqué con mi Coach (Daniel Miranda) y esta fue la estrategia: no faltar, ni fallar, presentarse la mayor cantidad de días posibles. Sin importar lo los pesos, los movimientos, los WODs, el dolor, la excusa. No fallar, no dejar de entrenar, ese es el objetivo.
La estrategia no podía sonar más sencilla y fácil de conseguir. Es ahí donde muchos fracasamos en ser constantes. La constancia no es algo sencillo. En mi experiencia pasas por varias fases (y ojo, aun no me considero constante).
Empezar, cuando los objetivos están frescos, es emocionante, hay mucha adrenalina y la meta se ve cercana, fácil de lograr; ya tenemos un plan infalible: no faltar, ni fallar, presentarse la mayor cantidad de días posibles. Ésta para mí es la fase inicial, el periodo del romance. Todo se ve alcanzable, todo se ve posible. Aún no duele nada. Aún la nueva rutina es eso: nueva y emocionante.
Los días pasan, no has fallado, no has faltado, te has presentado a todos los entrenamientos y siguen siendo emocionantes; pero el cuerpo empieza a sentir el cambio de rutina, empiezas a sentir el dolor muscular, cansancio. Los objetivos siguen ahí, están todavía visibles pero se empiezan a sentir lejanos, quizás, creo, el cansancio empieza a empañarlos. Aquí empieza la segunda fase
Siguen pasando los días, seguimos sin faltar, sin fallar, quizás estamos en la segunda o tercera semana, con suerte el mes. Empiezan las dudas y sin darte cuenta los objetivos dejan de tener peso. La pregunta, inconsciente, de ¿vale la pena? empieza a ganar protagonismo. De repente todo es mejor opción que ir a entrenar. Ya todo te duele, aún no ves grandes cambios físicos, ni mejoras en tus pesos, ni en tus tiempos y la tentación de faltar es cada vez más grande. Pero no faltas, no fallas, sigues entrenando. Reconocer esta fase es muy importante en tu camino a la constancia, porque es aquí donde se empieza a formar la constancia, es aquí donde todo se empieza a poner difícil.
En esta fase es donde te tienes que agarrar de todos los consejos que has visto, oído, leído por todos lados. Aquí, confiar en tu propia motivación y que la flama provocada por tu objetivo será suficiente, es riesgoso y muchas veces no alcanza. Este es el momento donde pensar mucho en tu dolor, en tu objetivo, en si vale la pena, no sirve. Lo mejor es no pensar, es la fase de la acción. Es la fase del piloto automático, te tienes que parar a pesar de todo. Ahora si es no fallar, ni faltar, simplemente presentarse a entrenar. Es donde todo se vuelve complicado, empiezan a sobrar excusas para claudicar. Razones para dejarlo. Ahora la lógica de no seguir tiene mucho más sentido que no fallar, ni faltar.
La única forma de seguir adelante es: seguir adelante, pararse de la cama y dejar a tu mente de lado. No se trata de ver cuánto has avanzado, de cuantos días llevas sin fallar, de cómo ha cambiado tu cuerpo, de lo cerca o lejos que estás de tu meta. Se trata de seguir adelante, seguir adelante.

Han pasado quizás dos o tres meses. Lograste callar todas las voces que te aconsejaban parar. Empiezas a ver progresos en tu entrenamientos, en tus tiempos, en tus pesos. Empiezas a ver cambios en tu físico. Hemos llegado al valle de la tercera fase. Los objetivos se ven cercanos, ahora si se sienten alcanzables. La motivación está en su máximo, la estrategia está rindiendo frutos tangibles. La retroalimentación de tus compañeros es inmejorable, ¡todo el mundo se está dando cuenta de tu cambio!
No fallas, ni faltas, no dejas de entrenar. Vamos muy bien, sigues con la motivación suficiente para ser constante. Llega tu cuerpo a una fase donde pide parar, descansar, reponer. Donde no es mental, ahora si el
cuerpo necesita recuperación. Esta fase es nueva, no falla la motivación, no fallan las ganas, no fallas tu. Simplemente es un desafío más a tu constancia. Siempre hay que hacerle caso a tu cuerpo y en este camino de constancia es importante reconocer cuando es necesario descansar tu cuerpo. No se trata de fallar, no se trata de faltar, se trata de platicar con tu entrenador, bajar intensidad, cambiar ejercicios, cambios que benefician tu desarrollo en el CrossFit. La clave de esta fase está en no dejar que se sabotee tu motivación por el hecho de que tu cuerpo necesita parar. Después del descanso, notarás como tu cuerpo está listo para seguir con más fuerza, más condición, más rendimiento. Aquí la constancia es presentarse a entrenar sin ego, con humildad de que hay que hacer ajustes. Es entrenar porque ya no puedes parar, es entrenar inteligentemente, para reponer tu cuerpo con movimiento.
Es ahora cuando llegamos a mi presente. Al punto donde mi constancia me ha llevado hasta este momento. Han sido casi 5 meses de no fallar, ni faltar, de presentarme a entrenar. Sin lugar a dudas algo retador y nuevo para mi. Los cambios que he logrado han sido inmejorables, me siento motivado, contento, orgulloso y sobre todo con muchas ganas de seguir con el objetivo que me puse junto con mi Coach.
Aún no sé qué es la constancia, solo sé cómo se siente. Sé que ser constante es la clave del éxito. Es el ingrediente más complicado; pero el más satisfactorio. La constancia es lo que te hace avanzar. Es la magia. Es el costo de tus sueños y es el pago de tus objetivos. Se, también, que la constancia es la que te hace hacer lo necesario, sin importar que, para que no falles, ni faltes, siempre te presentes a entrenar.
Estoy seguro que siempre, siempre, valdrá la pena ser constante.
¿Tu qué quieres ser: la piedra o el agua?
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